19 de septiembre de 2017

Homenaje al P Juan Carlos 2004 2017





ACCIÓN DE GRACIAS POR EL P. JUAN CARLOS.

Damos gracias a Dios por el P. Juan Carlos y por su labor pastoral en la Parroquia de Cigales en el periodo 2004-2017.

“Para ti, querido amigo Juan Carlos,
que nos has dado lo mejor de ti mismo
para ayudarnos a encontrar a Jesús de Nazaret,
para ti, que nos has entregado tu juventud ilusionada,
para ti, que perseveras en la crisis de esperanza y de amor,

Para ti, que, diariamente pronuncias durante la consagración,
“tomad y comed, esto es mi cuerpo…”
para ti, que predicas desde la experiencia y la vida,
siempre atento a la escucha de la Palabra,
para ti, que día tras días abres el Sagrario con estremecimiento,

Para ti, que has recorrido kms  entre varias comunidades
para celebrar comunitariamente en cada una de ellas,
para ti, que nos consuelas en el dolor de un fallecimiento
y nos animas en el gozo del amor y el nacimiento,
para ti, que sigues ahí cuando ya todos se han ido,
siempre dispuesto y siempre disponible,

Para ti, siempre tan cercano, siempre en oración,
activo en la contemplación, contemplativo en la acción…
para ti, amigo sacerdote, este manojo de palabras


que nacen agradecidas desde lo hondo del alma”.


El Consejo Pastoral Parroquial Santiago Apóstol.

18 de septiembre de 2017

MUCHAS GRACIAS

Queridos amigos, ya todos, de Cigales. Muchas gracias por la despedida de ayer, fue abrumadora, tierna y cariñosa. Me llegó al fondo de mi corazón. También el día anterior había tenido una gratísima experiencia en mi otra parroquia de Corcos del Valle. Dios os pague a todos, todo el bien que me habéis hecho.

Esta será mi última intervención en este

blog. Un abrazo muy grande para todos, mi oración y bendición. 

Como dicen nuestros hermanos mexicanos: "Diosito me los cuide mucho".

Despedida del P. Juan Carlos en Cigales

Me gustaría terminar con un testimonio de agradecimiento hacia todos ustedes con los que he caminado estos casi trece años.
            Hoy hace justo dos meses y un día, en la fiesta de la Virgen del Carmen, este año domingo, que les comuniqué mi traslado a la parroquia de Íscar. Como saben ustedes los sacerdotes no estamos en las parroquias por tiempo indefinido, nuestros nombramientos no son vitalicios. Mi disposición desde siempre al obispo de la diócesis ha hecho que ahora me necesite para otro lugar. Nuestros movimientos no tienen que ver con puestos de mayor o menor categoría; los destinos se dialogan y disciernen, y lo que prevalece es que el sujeto sea idóneo para la misión que se le confía. Les confieso que me embarga un doble sentimiento: por un lado, tristeza, porque me da pena dejar esta parroquia en la que he puesto todo el empeño.
Sinceramente, tal y como veo a la parroquia en este momento, creo que es necesario que entre en ella un aire nuevo y fresco, como el que procede del Espíritu Santo, para que oxigene todos y cada uno de los rincones de la misma. La parroquia tiene que ser, como dice el Papa, una “Iglesia en salida”, atenta a las necesidades del mundo, especialmente de los más desfavorecidos. La parroquia no puede seguir de puertas a dentro, sentados alrededor de la mesa camilla y al calor del brasero, no puede ser una parroquia que se mira al ombligo, que está al acecho de lo que hace el hermano, en ella no ha de existir ni la crítica ni la murmuración. La Iglesia necesita que los laicos os responsabilicéis de la misión evangelizadora de la Iglesia y que reconozcáis vuestra vocación en medio de ella. La parroquia necesita a todos y no prescinde de ninguno; pero necesita “renovarse o morir”, por ello les hago una llamada a que no vivan su ser cristiano solo y exclusivamente como venir a Misa, militen en la Iglesia, comprométanse, el mundo nos necesita. No caigamos en torpeza de nuestra sociedad que mantiene en puestos a personas “for ever and ever”. Un cristiano tiene el pie alzado, donde se necesite; lo contrario aburguesa.
¿Se acuerdan ustedes de aquella canción de Julio Iglesias que supuestamente le cantaba a su exmujer “Lo mejor de mi vida te lo has llevado tú”? Aunque soy joven y tengo fuerza, sino no me enviarían donde voy, sí tengo esa sensación. ¿Se imaginan ustedes cogiendo agua de un río con las manos para llevarlo a una planta? Parte del agua se va perdiendo entre los dedos hasta que se llega al destino. Así me pasa a mí. Tendría que tener el corazón muy duro para no sentir desarraigo. Pero, por otro lado, tengo ilusión por comenzar algo nuevo.
            Quiero decirles que no me voy, que no me gustan las despedidas, que en todos los sitios que he estado, he vuelto. Comprendo que aquí habrá otro sacerdote y conozco el modo de proceder en estos casos, pero volveré, no me voy tan lejos. Ojalá algún día pueda ver esta iglesia restaurada, ella ha sido uno de mis luchas hasta todavía hoy: iglesia grande, quebraderos de cabeza grande. Realmente, quien “no llora no mama”, y las cosas se consiguen a base de insistencia, constancia, como finalmente, fue recuperar la llave de nuestra capilla de San Juan Bautista.  
            Aun no conozco cómo será mi nueva realidad, pero les aseguro que en la medida de mis posibilidades intentaré mantener alguna conexión con esta parroquia, sea la que sea, ya se buscará.
            Sepan que aquí llegué con una mano delante y otra detrás y que gracias porque desde el primer momento me ayudaron, como se suele decir, a poner la casa, la Casa Parroquial. Desde una manta, un cepillo y un badil, muebles, etc. Siempre me he sentido muy querido por este pueblo, como un hijo y me he sentido muy feliz, siendo uno más. No me parece que deba haber lugar para hacer un registro de situaciones, de actividades, de obras, de quehaceres; todo lo que he hecho ha querido ser A mayor Gloria de Dios y bien de sus hijos. Agradezco a todas las personas que me han ayudado de manera ejemplar, no quiero mencionar a nadie en particular, porque serían muchos. Recuerdo con cariño a tantos niños como bauticé (463) y jóvenes (unos 250 se confirmaron), los mayores (241 fallecieron), los nuevos matrimonios (125), los papás que acompañaron a sus hijos en el proceso de Iniciación cristiana (400 niños recibieron a Jesús por vez primera). Agradezco las buenas relaciones que no solo yo, sino la parroquia en cuanto entidad, ha mantenido con las distintas corporaciones municipales, las personas que de forma anónima hacen muchas cosas por esta iglesia. Agradezco la buena acogida que todos ustedes siempre me han brindado, el cariño que me han otorgado.
Es precioso ser sacerdote y poder caminar junto a la comunidad. La parroquia es como una familia, la formamos personas muy diferentes, gracias a Dios, y en ella se viven la mayoría de las veces momentos de mucha alegría, humor y felicidad. Pero no se ocultan cuadros de sufrimiento, de disgusto, por los que todos nosotros en algún momento habremos pasado. Pido perdón por todo lo que haya podido tener de torpeza.
Dios les pague a todos todo el bien que me han hecho.

Le pido a la Virgen, Nuestra Señora de Viloria, que siempre me recuerde y que ustedes recen por mí, como yo lo haré por ustedes.

17 de septiembre de 2017

Homilía - Domingo 24º T.O. Ciclo A

Las lecturas de este domingo hablan de Amor y des-Amor por los cuatro costados. El libro del Eclesiástico lo explica muy bien al enumerar los efectos del des-Amor, del pecado: rencor, ira, venganza, odio, etc. Este texto aboga por el Amor, como lo hace la Sagrada Escritura en su totalidad. Frente al mal está el poder de Dios que es Amor, que queda expresado aquí en cumplir los mandamientos, que para nosotros están muy bien actualizados en las obras de misericordia.
            Me lo decía una amiga el otro día: “prefiero vivir en paz que tener razón”, precisamente la fuente de muchos de nuestros males procede del sentirnos poseedores de la verdad y, por tanto, de la razón. Por el contrario, es preferible estar a bien con los que nos rodean, que andar a palos, o con miradas de desprecio, o sin hablarnos.
            Sin embargo, en esta sociedad en la que vivimos puede ocurrir que se confunda la bondad con la estupidez. Por eso también la Escritura nos advierte: “conviene ser astutos como serpientes y pacíficos como palomas”. No obstante, está claro el sentido de este libro sapiencial: hagamos el bien, sin mirar a quien. No demos importancia a lo que no lo tiene y caigamos en la cuenta que el perdón es una raíz del Amor. Quienes verdaderamente se aman se piden perdón cuando se ofenden, ¿por qué? pues porque si se aman una parte de ellos está en el otro; esto lo entenderán muy bien los que están unidos por el vínculo del matrimonio.
            El Salmo reza precisamente con un canto de alabanza al perdón que procede de Dios, pues en el Señor podemos sentir la perfección del Amor verdadero. La Iglesia ha recibido el deseo de Dios que vivamos en paz y armonía y por ello el Señor elevó a la categoría de sacramento esta cualidad que tiene Dios que le hace misericordioso.
            Es muy claro San Pablo a los cristianos de Roma, cuando les identifica claramente que estar muerto es estar en pecado y estar vivo, es vivir en clave de Dios. Ciertamente, el pecado nos destruye, nos mina, nos entierra, porque, aunque aparentemos fuerza, en el fondo nos invade la tristeza y todos sus efectos de muerte. Mejor estar en Gracia que no andar mendigando compasión.

            En el Evangelio el Señor cuenta una bella historia y concluye con una sentencia fundamental: “hay que perdonar de corazón al hermano”. No vale, pedir perdón, sin arrepentimiento. A veces se hace mal a sabiendas, y a continuación se pide perdón a la persona. Incluso nos confesamos, pero en el fondo no hay lo que tiene que haber: “si alguien tiene algo contra su hermano cuando va a presentar la ofrenda al altar, primero vaya a pedir perdón al hermano y luego presente la ofrenda”. La religión es exigente si queremos vivirla como Dios manda, y nunca mejor dicho, pero realmente, aun así, es liberadora, porque nos libera del pecado, que oprime el corazón, lo estruja, lo vuelve triste y duro.

15 de septiembre de 2017

SACERDOTES Y DIÁCONOS DEL ARCIPRESTAZGO "ALREDEDORES" DESPIDEN AL P. JUAN CARLOS

En la fiesta de la "Exaltación de la Santa Cruz", sacerdotes y diáconos del Arciprestazgo "Alrededores" celebran la Eucaristía y una posterior cena para despedir con agradecimiento al P. Juan Carlos. Nuestro párroco ha formado parte de este arciprestazgo durante trece años en los que ha servido como arcipreste y últimamente como secretario. 

Según nuestro actual párroco "evangelizar junto a compañeros como estos, resulta más fácil y agradable que si no fuera así". 



Este arciprestazgo es muy amplio y lo forman dieciséis sacerdotes y dos diáconos permanentes.

A partir de ahora el P. Juan Carlos pasará a incorporarse a otro arciprestazgo, el de "Pinares". 

14 de septiembre de 2017


NUESTRA GLORIA, SEÑOR, ES TU CRUZ



            Este año Santo Toribio de Liébana celebra un Año Santo. Allí se venera una pequeña astilla de la cruz de Nuestro Señor. Serán muchos los peregrinos que a lo largo de todo este año se acercarán especialmente para hacer un acto de fe en aquel lugar recóndito de las tierras cántabras.

Yo he sido una de esas personas que me he acercado hasta allí. Un lugar desconocido para mí. Me encantó visitarlo, probablemente vuelva porque el sitio me pareció que tenía su encanto, también Potes, el pueblo por el que se pasa hasta llegar allí.

El lema del Año Santo: “Nuestra gloria, Señor, es tu cruz”, resume exactamente el sentido de la Cruz, el sentido que Dios ha querido dar a la cruz.

Quizá en muchos momentos de la vida, que para nosotros sean de cruz, ni por casualidad se nos ocurra pensar que nuestra gloria está en ese sufrimiento. Pero el lema no habla de nosotros, sino que habla del Señor. Y, sí, para Jesús su gloria está en la cruz. Su vida pública, lo que conocemos de Él, nos expresa nítidamente que el sentido de su vida se centra en la cruz. Es más, ni tan siquiera la esquivó, sino que la aceptó, mirando a sus verdugos con ojos de misericordia y de perdón.

Su nacimiento y su muerte son muy similares como sabemos. Ambas realidades glosan palabras de una frase, que bien podría ser una oración, con la que Dios Padre nos entrega su propia Palabra hecha carne. Dios nos lo dijo todo a través de su Hijo, vivo, muerto y resucitado. Y, ¿qué es lo que nos dijo? Que su Amor máximo queda expresado en la Cruz y que ese hecho es simplemente un paso para su propia gloria, que consiste en que todos los crucificados de la historia, bien sea porque los crucificamos nosotros con nuestras etiquetas, como a Zaqueo, bien sea porque se crucifican ellos mismos con su egoísmo o por lo que sea, serán levantados de su indignidad, como aquel estandarte del que se libraban de las mordeduras de serpiente y eran salvados.

La cruz es muy exigente. A ninguno de nosotros se nos está crucificando al modo de Jesús, pero sí es cierto que en nuestra vida abunda el calvario. He ahí la posibilidad de asociarlo a la cruz de Cristo porque en ella está nuestra gloria. Pues, ¿dónde ponemos nosotros generalmente nuestra gloria? Lo expresó muy bien el tentador al Señor en el desierto: en el tener, en el poder, en el aparentar, en el ser más, tener la última palabra, en la vanagloria, en la envidia, en el no pasar por tontos, etc. Bueno pues todo esto, ¿qué? Sí, seremos como Superman delante de los hombres, pero en lo más hondo de nuestra conciencia una hormiga tendrá más coco que nosotros, pues ella trabaja y trabaja para colaborar con el reino que forma con sus hermanas.

Cristo en cruz es nuestra mayor gloria, que nos ayuda a relativizar tantas cosas que nos hacen sufrir y que son como cruz para nosotros. Entonces sí, podríamos decir: “Nuestra gloria, Señor, es tu cruz”. Si tuviéramos la gracia de sentir esto profundamente todos los sentimientos que nos hacen sufrir y tener rencor, con sentimientos de venganza, de ira, se desvanecerían y quedarían reducidos a la nada, porque el Amor de Dios sería más fuerte que nuestro propio amor, querer e interés.

Pidamos al Señor que nos conceda esta gracia, pero pidámoslo con el deseo de recibirlo, no vale pedir a Dios aquello que realmente no queremos. Convirtámonos, abrazando la cruz, para que ella sea la que nos salve de aquello que sigue clavando al Señor en el madero, nuestro propio pecado y el pecado del mundo.